Astrolabio digital

mapaHace no demasiados veranos que se ha colado en nuestro equipaje un nuevo pasajero electrónico sin hacer demasiado ruido y que ya se perfila como un compañero muy importante  a la hora de llegar a nuestro destino de viaje a la primera (sin menospreciar por supuesto las valiosas indicaciones que nos pueden dar los que viajan con nosotros, sean amigos, nuestra pareja, familiares, vecinos o simples autoestopistas). Estoy hablando de los equipos GPS.

El Global Positioning System (GPS) o Sistema de Posicionamiento Global (más conocido por sus siglas aunque su nombre correcto es NAVSTAR-GPS) permite determinar en cualquier parte del mundo la posición en la que nos encontramos.  Consiste en una red de 24 satélites propiedad de Estados Unidos y gestionados por su Departamento de Defensa a una altura aproximada de 20.000 Km y distribuidos para cubrir con sus órbitas toda la superficie terrestre.

Es un sistema muy preciso (centímetros) pensado originalmente para aplicaciones militares. Posteriormente (en 1984, tras una tragedia aérea) se permitió su explotación civil con un margen de error intencionado de unos 100 metros –para evitar su posible utilización por parte de fuerzas enemigas-. En los últimos años este error se ha reducido a pocos metros. De todas maneras, dado el carácter militar de su gestor, no puede usarse en ciertos países o bajo ciertas condiciones (a mucha altura, a grandes velocidades, etc.), además de que el servicio puede ser teóricamente interrumpido de manera temporal.

La antigua Unión Soviética tenía el sistema Gloass y actualmente la U. E. está inmersa en el polémico desarrollo (por sus continuos roces con la administración de EE.UU.) de un sistema propio más moderno bautizado como Galileo.

Para que un receptor GPS pueda saber su ubicación, lo que hace es recibir la señal indicando la posición y la hora de al menos 4 satélites. De esta manera, el aparato puede calcular (teniendo en cuenta qué satélites capta) mediante el retardo entre las señales dónde se encuentra.

La información de la posición global combinada con un mapa electrónico (que conviene tener actualizado) instalado en el equipo receptor GPS (no en los satélites) nos permite planificar un recorrido desde un origen a un destino por tierra, mar o aire de manera exacta. Como además el GPS sabe en todo momento dónde está, puede, mediante un sintetizador de voz, guiar de palabra al viajero para que sepa por dónde ir. Los modelos más avanzados integran también la posibilidad de conectarse vía móvil a Internet para tener incluso información meteorológica, de densidad de tráfico, retenciones y otros datos generados en tiempo real, obteniendo así la ruta realmente óptima.

En los mapas es posible acceder a POIs (Points of interest – Puntos de Interés) –hoteles, gasolineras, farmacias, etc- predefinidos o definir los nuestros de acuerdo a nuestros gustos o intereses. Así podremos volver fácilmente a ese lugar del bosque donde sabemos que cada año crecen las mejores setas o nadan los peces más grandes. Últimamente está de moda marcar como POIs los lugares donde están los radares, incluso descargando de Internet listas ya hechas combinando informaciones proporcionadas por Tráfico y las recopilaciones de usuarios anónimos. Es un sistema de detección de radares 100% legal. De esta manera, al acercarnos a uno de ellos, el GPS nos avisaría de su proximidad.

Con un GPS, Colón probablemente no habría descubierto América pues habría programado en su equipo la ruta más corta hasta las Indias.

Pese a todo, mi sugerencia es no “desactivar el cerebro” y dejarse guiar de manera exclusiva por lo que dice el aparato ya que por muy actualizado que esté, todo cambia. Si circulamos en coche, una calle a lo mejor ahora es dirección prohibida o hay autopistas nuevas. En la carretera, siempre atento. “El GPS no puede conducir por ti” (todavía).

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