Manifestación 1.0 vs. 2.0

ManifestaciónEl pasado mes de septiembre tuvo lugar en España una convocatoria de huelga general. El objetivo de esta columna no es, ni mucho menos, comentar su motivación ni valorar sus resultados sino plantear algunas reflexiones.

En la era industrial una huelga de estas características podía llevar a detener prácticamente la actividad de un país si además los piquetes, más o menos violentos, recorrían las ciudades “animando” a no ir al trabajo. Todo cambia y hoy en día ya no es exactamente así. Ya no es posible paralizar totalmente un país. Las actividades a través de Internet no se detienen: por ejemplo las tiendas virtuales pueden seguir abiertas cuando las reales cierran la persiana por miedo a daños o a ser acusados de insolidarios con la causa, los vendedores que optan por trabajar pueden seguir contactando por teléfono o email con los clientes sin tener que desplazarse, etc.  No recuerdo haber visto ese día ninguna página “cerrada por huelga”, ni siquiera los periódicos que no llegaron a salir en papel a la calle. De momento no existen los “ciberpiquetes”.

Otro tipo de manifestación muy diferente a la huelga general tuvo lugar unas semanas después. Hastiados de que ciertos lobbies se empeñen en mantener vivos modelos de negocio obsoletos en la era de Internet a través de cánones, leyes a medida y criminalizando a la sociedad entera como presunción inicial, muchos ciudadanos coordinados por un grupo en Internet, Anonymous, decidieron, como medida de protesta, “atacar” las webs de la SGAE, Promusicae y la página del Ministerio de Cultura, que permanecieron caídas un buen número de horas. El ataque consistió en que miles de usuarios concurrentes lanzaron de manera continua solicitudes a la página, acto que se repitió a lo largo del tiempo. Dado que los servidores están diseñados para soportar un cierto número de accesos y, ante el aluvión de peticiones, todo comenzó a fallar y así estuvo varias horas.

Tras la tempestad llega la calma y con ella las reflexiones y, como siempre, hay opiniones para todos los gustos: ¿fueron ciudadanos manifestándose o gamberros? La legislación española, por el momento, no tipifica ese tipo de acciones como delito, si bien se considera la modificación de la ley (en breve) para que sí lo sea. No obstante dudo que un acto colectivo como éste pueda ser un delito algún día ¿detener a alguien por ir a visitar una web? Y si han participado 10.000 personas ¿todas a la cárcel? ¿No sería comparable a una manifestación legal delante de las sedes en la que se corten algunas calles y se colapse el tráfico?, ¿Qué ocasiona mayor perjuicio para los ciudadanos que quieren ejercer también sus derechos de ir al trabajo, a casa, a recoger los niños al colegio?: ¿una manifestación o que una cierta página no funcione?

Estas entidades alegan también, haciendo balance, que los costes técnicos han sido elevados y hablan de “lucro cesante”.  Dado que una de ellas es pública, los “costes” nos afectan a todos.

Otro tema sería si un ataque como ése de Denegación de Servicio (que es como se llama técnicamente) fuese lanzado por organizaciones o mafias con el objetivo de perjudicar a una entidad, física o jurídica, con la finalidad de obtener un beneficio (y no como reivindicación).

Con todo esto no pretendo defender ni animar a este tipo de acciones sino plantear la nueva realidad. Parece que muchos ciudadanos, cansados de que no se les escuche, se manifiestan directamente contra el objetivo de sus protestas y, en este caso, la repercusión mediática ha sido muy grande, casi tanto como la huelga general, lo que permite presagiar que no hemos visto más que el comienzo de este tipo de actos… si no tiempo al tiempo.

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