Ojo al parche

PirataEs por todos conocido que España, en materia de tecnologías de la información y “alfabetización digital”, no es ninguna superpotencia. Desde el gobierno se ha intentado (y se intenta) incentivar la utilización generalizada de las nuevas tecnologías en todos los estamentos de la sociedad, si bien hasta la fecha los resultados no han satisfecho las expectativas. Se trabaja en ello pero bastante queda por hacer, por ejemplo tenemos una de las conexiones por ADSL más lentas y caras de Europa (en países de nuestro entorno disfrutan de velocidades de casi el doble de velocidad por la mitad de precio). Por mucho que intenten vendernos que podemos elegir el horario, la velocidad con limitaciones geográficas muy muy restrictivas (casi imposibles) o incluyan otros servicios, el hecho es que para un ciudadano “normal” con necesidades “no profesionales” de Internet, una ADSL (o cable) es bastante caro.

Donde sí (lamentablemente) España aparece entre el “top de la lista” europea es en la utilización de programas piratas o ilegales (o sea, no comprados). Todo tenemos en mente los nombres de los sistemas operativos más extendidos, los programas ofimáticos más conocidos y en definitivas las aplicaciones (de pago) que todo el mundo instala y usa, las haya comprado o no. Estas copias piratas redundan en menores ingresos para los correspondientes fabricantes, si bien por otro lado es la pescadilla que se muerde la cola: la gente los copia porque son populares pero son populares porque la inmensa mayoría los usa, incluyendo las empresas.

Pero no todos las aplicaciones son de pago en el sentido al que estamos acostumbrados. Existen otras que desde hace años intentan hacerse un hueco en nuestros discos duros. Estoy hablando de los programas freeware (simplemente gratuitos), shareware (se pueden evaluar y, en caso de resultar de interés, se pueden comprar después de haberlos probado) y GNU/GPL: esta licencia permite un uso “libre” de los programas, lo que no quiere decir necesariamente que sean gratis, conceptos que con frecuencia se confunden. Su filosofía gira alrededor de las libertades de los usuarios para usar y modificar sin limitaciones los programas, hacer y distribuir tantas copias como se quiera e incluso permite mejorar el programa y hacer públicas estas mejoras. Para todo ello es requisito, por supuesto, que junto a la aplicación lista para instalar se adjunte el “código fuente”.

Estas aplicaciones son cada vez más conocidas y usadas, si bien su porcentaje de penetración es aún muy bajo comparado con los “estándar” (y máxime cuando la picaresca española consigue cambiar la licencia de cualquier programa de pago por una totalmente gratis previa copia). Es reseñable que independientemente del programa que necesitemos, desde una suite ofimática a un programa de contabilidad, pasando por juegos y navegadores de Internet, es más que posible que haya una versión equivalente a la comercial pero shareware, libre y/o incluso gratis. Increíble pero es así.

(Continuará en http://www.christiandve.com/2005/01/ojo-al-parche-continuacion/)

 

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